Sin red
Yo también me tiré sin red...y no había agua en la piscina. Y no solo una vez, sino varias veces. Yo también di todo de lo que tenía (y más) y me quedé sin nada. Abrí mi corazón, mi casa y mi cama a alguna desconocida y a alguna demasiada conocida. Unas veces acerté y otras fallé. Pero no me arrepiento. Me lancé desde el avión sin paracaídas, metí la mano en el horno, me quemé con fuego. Y lo volvería a hacer. Porque me enamoré. Porque sentí en mi piel el roce de su piel, porque besé como si fuera la primera vez, porque quise de verdad y me quisieron. El amor es así. Una montaña rusa en la que nos subimos sin saber cuando vamos a bajar y sin saber si será desde el punto más alto o desde el final. Me enamoré y me hicieron daño, me amaron y les hice daño. Y lo volvería a hacer. Volvería a enamorarme como la primera vez, volvería a sentir lo mismo, volvería a tirarme sin red y a esperar que esta vez, la piscina esté completamente llena.